Ganesh: mito y celebración

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Skanda, hermano de Ganesh
Otras de las leyendas más populares sobre Ganesh es cuando su hermano Skanda y él compitieron por sel el más adorado.
La competición consistía en hacer una carrera alrededor del mundo. Skanda se montó en su pavo real y recorrió el mundo lo más rapido posible pero cuando llegó a la meta Ganesh ya estaba allí.
Ganesh había dado una vuelta alrededor de Parvati y Shiva, sus padres, dando a entender que para él sus padres eran todo su mundo.

Ganesh era un dios muy goloso y le gustaban especialmente los dulces y los bombones. Una tarde, Ganesh había comido de todo y además se había hartado de bombones.
Por la noche se sentía mal y llamó a su vahana (su montura sagrada), que era un ratón, para ir a dar un paseo.
Aquella noche la luna estaba en pleno esplendor y el aire era fresco.
A mitad del paseo, de repente, una gran serpiente empezó a enroscarse en el cuello de Ganesh. Éste perdió el equilibrio y, tras caer al suelo boca abajo, sintió estallar su barriga llena, viendo rodar los bombones que había comido ese día.

La serpiente no tenía intención de hacer daño a Ganesh. Solo deseaba que el dios la admirara.
Ganesh fue muy rápido y no gastó tiempo en quejarse; solo quería arreglar las cosas. Se curó la llaga de su barriga y se la apretó con la ayuda de un cinturón improvisado: la serpiente.
Después recogió todos los bombones que habían salido de su barriga. Volvió a montar en su rata para regresar al palacio cuando oyó una gran carcajada.
Ganesh miró hacia arriba y vio a la luna, con su cara redonda, mirando y riéndose a carcajadas. Ganesh le preguntó de qué se reía.
La luna le dijo que estaba ridículo con su panza estallada, una serpiente como cinturón y sus bombones rodando por el suelo. Ganesh se enfadó mucho y le preguntó cómo podía burlarse de el habiendo presenciado el accidente.
La luna seguía riéndose y, entonces, Ganesh sacó uno de sus colmillos de elefeante y lo tiró hacia la luna. Logró romper parte de su rostro luminoso. Luego la maldijo.

Le dijo que, a partir de ese día, todo su esplendor desaparecería en ciertos momentos. Luego volvería a dejarse ver entera, poco a poco, pero luego volvería a partirse. Así todos se burlarían de ella.

Hasta hoy, la luna pasa por sus diferentes fases descritas en la maldición de Ganesh.

Todos los años se celebra el día de Ganesh, llamado Ganesh Chaturthi. Se celebra en los primeros días de septiembre y dura cinco días.
Esos cinco días se le reza y se le hacen ofrendas, especialmente todo tipo de dulces ya que Ganesh es muy goloso.

En la India, encontramos mujeres y hombres en la calle vendiendo gampathis de barro. La figura de gampathi (Ganesh) es adorada todo el año y el quinto día del Ganesh Chaturthi se arroja al mar con flores y ofrendas para que se lleve todas las complicaciones y los problemas y empezar un nuevo año lleno de éxitos.

Ganesh: dios de la sabiduría y del éxito

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Ganesh

Les voy a contar su mitología.
Ganesh es uno de los dioses más venerados de la india, su aspecto les puede resultar extraño. Un hombre con cabeza de elefante, barriga rechoncha y con cuatro brazos.

 Así nació Ganesh: un día la diosa Parvati, esposa del dios Shiva, cogió un poco de la ceniza que tenía su marido puesta en el pecho (los hombres que se dedican a la vida ascética se ponen todas las mañanas cenizas de excrementos de vaca por todo el pecho antes de iniciar sus rezos matutinos) y lo mezcló con unas gotas de agua que cogió de su cuerpo después de bañarse. 

 

 Amasó todo aquello he hizo un bebé que luego fue un joven muy hermoso con rostro humano.

Todo eso ocurrió cuando el dios Shiva estaba en la guerra contra los asuras. Un día la diosa Parvati iba a bañarse y le pidió a Ganesh que vigilara la puerta de su aposento y que no dejara pasar a nadie sin su consentimiento. Ese día volvió Shiva de la guerra y deseaba ver a su esposa inmediatamente.

 

Shiva tenía el carácter fuerte y actuaba a veces con cierta violencia. Se acercó a los aposentos de su mujer y quizo pasar, entonces Ganesh le dijo que no podía dejar pasar a nadie sin el consentimiento de la diosa Parvati.

Shiva furioso sacó su espada y con un solo golpe decapitó a Ganesh. Entonces Parvati al escuchar los gritos salió y vio a su esposo y en el suelo el cuerpo decapitado de su hijo.

Parvati lloró desconsoladamente y explicó al dios Shiva que había matado a su hijo.

Ganesh no reconoció a su padre ya que nunca lo había visto ni éste a su hijo. Entonces Parvati, entre llantos, suplicó y rogó a su marido que le devolviera la vida a su hijo.

El dios Shiva ordenó entonces a un sirviente que bajara a la tierra y le trajera la cabeza del primer ser vivo que encontrara a su paso. El sirviente obedeció y el primer ser que paso delante suya resultó ser un elefante.

Shiva cogió la cabeza del elefante y la colocó en los hombros de su hijo. Desde ese día Ganesh tiene un cuerpo rechoncho, una panza redonda, una cabeza de elefante con su larga trompa y orejas enormes.

Cuando la diosa Parvati vio a su hijo quedó sorprendida y preocupada. Le dijo a su marido que Ganesh iba a ser objeto de burla por su aspecto. Entonces Shiva le dijo a su mujer: nuestro hijo va a ser adorado e invocado el primero en todas las oraciones, e incluso más que a mi y todo aquel que se niegue a hacerlo no tendrá éxito.

Desde entonces en la India se cree que el elefante es un animal con mucha inteligencia. Para pedir éxito se hacen plegarias a Ganesh. También suele decirse que el dios de los comerciantes por lo que también se la hacen plegarias antes de empezar una empresa.

Pasó tal y como dijo Shiva. Ganesh es adorado por todos los hindues y recordado en todas las ocasiones antes de empezar cualquier proyecto en la vida.

Un día en Bombay

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Bombay es una muchedumbre. Habitantes que hablan diferentes idiomas y se  entienden, visten de diferentes formas pero siempre con mucho colorido. El color azafrán es típico de la India.

Una de mis primeras salidas en Bombay fue en el mes de Julio, en plena ola de calor. Ibamos en un taxi negro y amarillo bastante viejo y mal cuidado, o eso parecía. Aunque pensándolo ahora, era normal debido al clima, húmedo y caliente.

Los coches circulaban con lentitud: la luz del sol, las multitudes y el ruido de los cláxones, los gases de los tubos de escape de los autobuses, negros y asfixiantes. Parecía que todo eso se me pegaba en la piel y empezaba a sudar.

Pero en medio de todo ese agobio, una vision de pureza: vimos pasar un grupo de hombres delgaditos con vestimenta blanca que caminaban juntos. Eran munis, discipulos de un gurú, que quieren llevar una vida religiosa.

Los munis no tienen residencia propia. Van viajando por las ciudades y viven de la caridad. Hay muchos lugares en la India donde pueden pasar la noche los munis. Son lugares que estan vinculados a los templos. Los munis aspiran a ser como los brahmas.

Supuestamente, los brahamanes son las personas mas sabias y todo el mundo les hace caso. Me explicaron mas tarde que los munis debian bañarse por las mañanas muy temprano e ir descalzos hasta el templo mas cercano.

Yo iba observando todo lo que podia desde la ventanilla de aquel taxi. Vi como la gente que vivía en chabolas hacía practicamente todo en la calle: comían, cocinaban, se duchaban, se afeitaban… Y me pregunté cómo podían hacer todo aquello con cientos de personas pasando por las calles pero a ellos les daba igual. No se sentían observados, todo lo hacían con naturalidad. Incluso eran felices, cada uno a su manera, teniendo carencias materiales.
Los occidentales sienten pena por ellos, pero ellos son felices teniendo un plato de comida y trabajo. Es todo un triunfo para ellos.

Y es que, con razon se dice: hay gente tan pobre, que sólo tiene dinero.

Primeras impresiones

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Es casi imposible describir ordenadamente todo lo que he visto en la India. Los paisajes más impresionantes y los más desesperantes, los más hermosos y los mas desoladores, a pocos metros los unos de los otros.

La primera vez que viajé a la India experimenté sensaciones muy fuertes. Lo primero que te impresiona es el olor al salir del avión. Un olor húmedo a tierra que resulta desagradable por unos minutos hasta que te acostumbras. Luego, de vuelta, lo echas de menos.

Cuando salí del aeropuerto me hundí. En pocos segundos me ví rodeada de niños de seis años e incluso menos, pidiéndome dinero o solo observándome: mi mochila, mi vestimenta, mi forma de andar… Me sentó realmente mal vivir esto. Estuve días sin apetito, sin querer comer. Gracias a Dios, las cosas en la India han cambiado mucho en los últimos años. Se han creado numerosos centros de acogida para los niños de las calles. Incluso hay varias fundaciones y organizaciones españolas.

Siempre que voy a la India me siento con ganas de ver cosas nuevas. Nunca es suficiente. Cuanto más vas, más curiosidad sientes. Pero salir a pasear en las grandes ciudades de la India, como en Mumbay en mi caso, no es para nada tranquilo. Las calles de las grandes urbes son agobiantes: coches, rickshaws, polución, vacas, ruidos… Incluso, a veces, te encuentras con algún cerdito por la calle, durmiendo.

Una de las cosas que más disfruto en India es su cocina. Me fascina. La comida es siempre muy picante y especiada. Se come con las manos, de modo muy natural. Uno de mis platos favoritos es el biryani, arroz basmati con todo tipo de especias.

El masala dosa es otro de mis favoritos, procedente de Madrás, en el sur de India. Es una enorme capa de pasta de arroz rellena de patatas con curry y cebolla. Ýa describiré en profundidad la gastronomía de la India más adelante.

Otra de las cosas que me gusta cada vez que salgo de casa es que me encuentro a vendedores de chai (té al estilo indio) por todas partes. Casi nunca les digo que no. Te los encuentras por todas partes: en los comercios, teatros, cines, playas… Solo cuesta unos diez céntimos la taza. Suelen vender dos tipos de chai: el normal, a base de leche, muy poca agua, té y azucar y el masala chai, con muchas especias (como cardamomo, clavo, pimienta negra, gengibre y nuez moscada).

A veces resulta increible darse cuenta como una cosa tan simple hace sentir tan bien.

Hasta la próxima.

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