Llevo unos cuantos meses leyendo por doquier articulos sobre las “redes sociales”, esa denominación fallida que se ha convenido en dar a los sitios web que permiten relacionarse. Entre myspace, facebook, twitter, tuenti y demás hierbas, la oferta es amplia. Por supuesto no son los únicos, hay más, muchos mas. Para dar y tomar.
La cosa es que me he dado cuenta de los tres tipos de artÃculos que uno se puede encontrar: a favor, en contra o capitalizando. Los peores son los dos primeros, pues normalmente están escritos por elementos de los medios tradicionales, cosa que como es lógico, es mal augurio. La falta de información real, la confusión de conceptos y el intento vil y descarado de hallar carnaza hasta debajo de una piedra no hace sino continuar esa larga tradición de perversión del periodismo que tanto se cultiva.
¿Cuándo paso el periodismo de informar a orientar? En fin.
Ahora bien, los artÃculos de capitalización son geniales para pasar un buen rato. Ahi nos encontramos a supuestos gurús de la web 2.0 teorizando sobre la inmortalidad del cangrejo en versión digital (y no, no me refiero a la contienda Enrique Dans - Fuckowski).
Una de las cosas que siempre me tiene asombrado es la capacidad de ignorar aquello que no nos interesa en aras del “todo gratis”. Como indicaba Sherlock Holmes, deberÃamos preguntarnos a quién beneficia el crimen.
Haciendo un sesudo ejercicio de lectura comprensiva por las licencias y terminos de uso de las distintas redes sociales vemos el color el asunto: verde billete. Si, son servicios gratis, pero al aceptar las condiciones de uso el usuario hace una cesión (más o menos agresiva) del contenido que publique.
O lo que es lo mismo, ya que en internet cada usuario es un editor potencial, en una red social se pierde dicha caracterÃstica para ser mero redactor de contenidos.
De hecho, estos dÃas facebook ha cambiado la licencia de uso haciéndola más agresiva y, de momento, ha dado marcha atrás por las quejas de los usuarios pero sigue estudiando el asunto. Es decir, una tregua pompeyana mientras sus abogados ganan tiempo.
Por estas razones, cada vez que asoma un gurú hablando bien de las redes sociales me entran ganas de informarme acerca de él. Saber en qué trabaja, con quién… en definitiva, averiguar qué gana él con eso, puesto que ya hemos visto ejemplos en el pasado de conocidos bloggers que han pasado a nómina de empresas.
No veo nada malo en eso. De hecho me parece perfecto. Pero, eso si, que lo avisen en la página. Algo asà como “blogger a sueldo de microapple” o la empresa que sea. Igual que en las revistas, cuando se publica un reportaje comercial (aunque manteniendo la plantilla grafica del resto de la revista) se añade la leyenda “Publirreportaje”.
En fin, que las modernidades de esta cosa llamada internet tienen su ritmo particular. Sólo nos ha costado diez añitos ponernos a la altura de los medios de comunicación tradicionales y convertir cada esquina en un espacio de orientación/intoxicación/adoctrinamiento a sueldo.
Supongo que era de esperar, en cierta forma. Por fortuna, como en un comic de Asterix, quedan aldeas de irreductibles internautas. Solo esperemos que no se acaba la poción mágica.