Hace unos dÃas, en plena noche insomne, pude ver uno de esos programas de zapping que recopilan lo que, a criterio de alguien, son trozos de programas dignos de verse por alguna razón. La verdad es que en el fondo es más útil empaparse de estos programas de recortes que asistir, impasible, al desfile de miserias completo.
Además de momentos entrañables, curiosidades, polémicas y demás hierbas, en ocasiones estos programas de zapping son aliñados con ciertas dosis de información urgente, tal y como sucedió hace unas noches.
En pleno resumen de recortes de retales, aparecen unas escenas de un programa de Iker Jimenez. Ignoro cuando fue emitido, pero imagino que recientemente.
Teniendo en cuenta los contenidos habituales del programa de este individuo y, sobre todo, el distinguido grupo del que se rodea, uno esta preparado para todo. O casi.
Debe ser que la imaginación tiene sus lÃmites o que a veces uno no tiene un buen dÃa. Al parecer, se les ha agotado buena parte de la lÃnea argumental que dirige sus programas.
En esas escenas, a falta, supongo, de alguna mentira más que contar, algún invento conspiranoico que instigar o, simplemente, alguna estafa (recordemos esas apariciones en paredes tan clásicas) que promocionar, no se les ocurre otra cosa que dedicar parte del programa a un misterio increible: Tesla.
Es probable que debido a la competencia de sus colaboradores (a los cuales ya se les ha puesto en evidencia pública infinidad de veces, por ejemplo, en “el retorno de los charlatanes” entre otros) que se dicen expertos de cualquier cosa que se le ocurra a usted y por la que le quiera pagar Iker (y su mujer, que manejan un pequeño emporio de negociado de amistades a golpe de talonario), estos ignoren vivamente lo que hasta cualquier estudiante de la ESO puede saber consultando su libro de ciencias.
Presentar un fenómeno fÃsico publicamente conocido y demostrado hace más de setenta años y sobre el cual existen varias miles de lÃneas de investigación hace decadas (muchas incluso de aplicación comercial) como un posible fenómeno mistérico es la consagración televisiva de un grupo de bocazas cantamañanas que no hacen sino obstinarse en el ridÃculo y el descrédito público semanalmente.
¿Qué será lo próximo? ¿Quizás un programa para hablar de ese fenómeno oculto llamado magnetismo? O mejor aún, ¿invitarán a un “experto” al programa para que les asombre encendiéndo una cerilla en riguroso directo?
Al césar lo que es del césar. Admito, sin problema ninguno, el mérito que se merece el señor Jimenez. Ignoro si es bueno en su campo. Para eso, su campo, más allá de la charlatanerÃa barata, deberÃa existir como tal. Pero lo que es indudable y le reconozco es que es un auténtico experto en los negocios. El chiringuito que tiene montado (él y su mujer) es digno de alabanza. En estos tiempos de crisis, nada mejor que tener fichaje televisivo con programa semanal, sin control editorial ni administrativo para traerte a tus amiguetes todas las semanas y, además, sacarte unos buenos cuartos con la publicación de libros y una lÃnea editorial con tus “misterios preferidos”.
Vamos, que sólo faltaba que en lugar de en Cuatro tuviese su programa en Telecinco. TendrÃa más sentido aunque correrÃa el riesgo de que le cambiasen el horario cada dos por tres.
En fin, la crisis esta se nota y mucho. Si ha llegado la crisis a las caras de Belmez, a las estelas de condensación con productos quÃmicos para controlar a la población, a los burdos fotomontajes (hay que hacer un buen curso de photoshop, amigo Iker) de niñas fantasmas en cementerios, a expertos que son capaces de determinar si uno es un asesino por los rasgos faciales y demás delirios lisérgicos, nada mejor que dedicarse a pervertir la ciencia. Total, ¿qué más faltaba por prostituir en televisión?
Nada, amigo Iker, nada. Solo un consejo: para próximos programas apunta más alto. Los libros de texto de enseñanza básica pueden darle mucho juego a sus “expertos”.